sábado, 1 de abril de 2017

LECCIÓN 91. DE UCDM

Lección 91. Los milagros se ven en la luz.


1. Es importante recordar que los milagros y la visión van necesariamente de la mano. Esto necesita
repetirse una y otra vez. Es una de las ideas centrales de tu nuevo sistema de pensamiento, y de la
percepción a la que da lugar. El milagro está siempre aquí. Tu visión no causa su presencia, ni su
ausencia es el resultado de que no veas. Es únicamente tu conciencia de los milagros la que se ve
afectada. Los verás en la luz, mas no los verás en la obscuridad.

2. Para ti, pues, la luz es crucial. Mientras sigas en la obscuridad no podrás ver el milagro. Por lo
tanto, estarás convencido de que no está ahí. Esto se deriva de las mismas premisas de las que
procede la obscuridad. Negar la luz hace que te resulte imposible percibirla. No percibir la luz es
percibir la obscuridad. La luz entonces no te sirve de nada, a pesar de que está ahí. No la puedes
usar porque su presencia te es desconocida. Y la aparente realidad de la obscuridad hace que la idea
de la luz no tenga sentido.

3. Si se te dijera que lo que no ves se encuentra ahí, ello te parecería una locura. Es muy difícil
llegar a convencerse de que lo que en verdad es una locura es no ver lo que se encuentra ahí, y, en
su lugar, ver lo que no está ahí. Tú no dudas de que los ojos del cuerpo puedan ver. No dudas de la
realidad de las imágenes que te muestran. Tienes absoluta fe en la obscuridad, no en la luz. ¿Cómo
se puede invertir esto? Tú no lo podrías hacer solo, pero no estás solo en esto.

4. Tus esfuerzos, por insignificantes que sean, están fuertemente respaldados. Sólo con que te
percatases de cuán grande es esa fortaleza, tus dudas desaparecerían. Hoy dedicaremos el día a
tratar de que sientas esa fortaleza. Cuando hayas sentido la fortaleza que mora en ti, la cual pone
fácilmente a tu alcance todos los milagros, dejarás de dudar. Los milagros que tu sensación de
debilidad ocultan se harán patentes de inmediato en tu conciencia una vez que sientas la fortaleza
que mora en ti.

5. Reserva diez minutos en tres ocasiones hoy para tener un rato de quietud en el que trates de dejar
atrás tu debilidad. Esto se puede lograr fácilmente si te das instrucciones a ti mismo de que no eres
un cuerpo. La fe se canaliza hacia lo que deseas, y tú diriges la mente en conformidad con ello. Tu
voluntad sigue siendo tu maestro, y dispone de toda la fortaleza necesaria para hacer lo que desea.
Puedes escaparte del cuerpo si así lo decides. Puedes experimentar la fortaleza que mora en ti.

6. Comienza las sesiones de práctica más largas con esta declaración que entraña una auténtica
relación de causa y efecto: Los milagros se ven en la luz. Los ojos del cuerpo no perciben la luz.
Mas yo no soy un cuerpo. ¿Qué soy entonces? La pregunta con la que finaliza esta declaración es
crucial para los ejercicios de hoy. Lo que piensas que eres es una creencia que debe ser erradicada.
Pero lo que realmente eres es algo que tiene que serte revelado. La creencia de que eres un cuerpo
necesita ser corregida, ya que es un error. La verdad de lo que eres apela a la fortaleza que mora en
ti para que lleve a tu conciencia lo que el error oculta.

7. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? Necesitas hacerte consciente de lo que el Espíritu Santo
utiliza para reemplazar en tu mente la imagen de que eres un cuerpo. Necesitas sentir algo en lo que
depositar tu fe a medida que la retiras del cuerpo. Necesitas tener una experiencia real de otra cosa,
algo más sólido y seguro; algo más digno de tu fe y que realmente esté ahí.

8. Si no eres un cuerpo, ¿qué eres entonces? Hazte esta pregunta honestamente, y dedica después
varios minutos a dejar que los pensamientos erróneos que tienes acerca de tus atributos sean
corregidos y a que sus opuestos ocupen su lugar. Puedes decir, por ejemplo:

No soy débil, sino fuerte. 
No soy un inútil, sino alguien todopoderoso. 
No estoy limitado, sino que soy ilimitado. 
No tengo dudas, sino seguridad. 
No soy una ilusión, sino algo real. 
No puedo ver en la obscuridad, sino en la luz.

9. En la segunda parte de tu sesión de práctica, trata de experimentar estas verdades acerca de ti
mismo. Concéntrate en especial en la experiencia de fortaleza. Recuerda que toda sensación de
debilidad está asociada con la creencia de que eres un cuerpo, la cual es una creencia errónea y no
merece que se tenga fe en ella. Deja de tener fe en ella, aunque sólo sea por un instante. A medida
que avancemos te irás acostumbrando a tener fe en lo que es más valioso en ti.

10. Relájate durante el resto de la sesión de práctica, confiando en que tus esfuerzos, por
insignificantes que sean, tienen todo el respaldo de la fortaleza de Dios y de todos Sus
Pensamientos. De Ellos es de donde procederá tu fortaleza. A través de Su fuerte respaldo es como
sentirás la fortaleza que mora en ti. Dios y todos Sus Pensamientos se unen a ti en esta sesión de
práctica, en la que compartes un propósito semejante al de Ellos. De Ellos es la luz en la que verás
milagros porque Su fortaleza es tuya. Su fortaleza se convierte en tus ojos para que puedas ver.

11. Cinco o seis veces por hora, a intervalos razonablemente regulares, recuérdate a ti mismo que
los milagros se ven en la luz. Asegúrate también de hacerle frente a cualquier tentación con la idea
de hoy. La siguiente variación podría resultarte útil para este propósito especial:

Los milagros se ven en la luz. No voy a cerrar los ojos por causa de esto.

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